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Cd.México, México, 17/07/2017



¿Para Qué Tenerlos Legales?

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La pregunta es pertinente y no sabemos cómo contestarla. Luego del gobernador Cabeza de Vaca de Tamaulipas haber clausurado algunos casinos clandestinos y todos los casinos legales, es una pregunta frecuente y motivo de filosóficas platicas: ¿Para qué aguardar un permiso o una nueva Ley de Juegos y Sorteos si en esa situación te quedas más expuesto a las volubles ideas de gobernadores y presidentes municipales y a una onerosa cantidad de obligaciones fiscales que, cuando ilegal, no se cumplen?

La argumentación de que “ser legal” y “ser cumplidor” es razón de tranquilidad económica y emocional se ha evaporado, sublimado, esfumado entre las brumas de una consciencia torpe.

Y ¿a dónde se quedaron las voces que tenían la obligación de enviar un stop oportuno al perturbado gobernador?

¿Qué acciones punitivas y de resarcimiento ha tomado la Segob? ¿Presentó denuncia a PGR?

¿Y que hicieron o dijeron las eclipsadas organizaciones empresariales? ¿Silbaron mirando las estrellas?

“¿Para qué tenerlos legales?” A esta pregunta debería haber respondido eficazmente la Segob, comunicando públicamente que no se volverían a repetir idénticas situaciones en cualquier entidad de la República y reafirmando a los casineros legales y cumplidores las garantías constitucionales que en la teoría los respaldan.

Nada, no vimos nada, de la parte de nadie. Lo que vimos fue una quietud miedosa de todos los agentes intervinientes y lo que vemos es un avance tentacular de los casinos sin permiso. Mejor dicho, de los casinos de 2 permisos: 1 permiso del presidente municipal a donde se instalen y 1 permiso de un cualquier inspector corrupto, o de cualquier otro nivel de funcionario público al servicio de la Dirección General de Juegos y Sorteos, que garanta la hipotética “cobertura”.

Cómo hasta el 2020 no es previsible haber condiciones políticas para la existencia de una nueva ley de juego (y no nos referimos a la ley atorada en el Senado, hoy ya desactualizada) los clandestinos tienen buenas perspectivas de desarrollo y de buenas utilidades, mientras las gobernaciones harán de cuenta de que nada ven, dejando crecer otro elefante blanco cómo los profes de Oaxaca, los huachicoleros, los sembradíos de amapola, las maquinitas mini casino y un número indefinido de situaciones parejas. Lo que inicialmente ocupa a algunas familias como fuente de sustento, rápidamente se transforma en un ejército de muchos miles, imposibles de dominar sin elevados costos sociales económicamente insostenibles. Política preventiva es cosa que no se cultiva en México.

Por aquí continuaremos tocando nuestra música preferida...

Para orejas sordas.





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